Cuantos Años Tenía Moisés Cuando Dios Lo Llamó?

Cuantos Años Tenía Moisés Cuando Dios Lo Llamó
1 Y Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido a dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu b profeta. 2 Tú dirás todas las cosas que yo te a mande , y Aarón, tu hermano, hablará a Faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 3 a Y yo endureceré el corazón de Faraón y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis b maravillas.

  1. 4 a Y Faraón no os oirá; pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mis b huestes , a mi pueblo, los hijos de Israel, con grandes juicios;
  2. 5 Y sabrán los egipcios que a yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos;

6 Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová les mandó; así lo hicieron. 7 Y era Moisés de edad de ochenta años y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón. 8 Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 9 Si Faraón os responde diciendo: a Mostrad un b milagro , dirás a Aarón: Toma tu vara y échala delante de Faraón, para que se convierta en serpiente.

10 Fueron, pues, Moisés y Aarón ante Faraón e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se convirtió en serpiente. 11 Entonces llamó también Faraón a sabios y a a hechiceros , e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; 12 pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron serpientes; pero la vara de Aarón devoró las varas de ellos.

13 a Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. 14 Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo. 15 Ve por la mañana a Faraón, he aquí que él sale al río; y tú ponte a la orilla del río delante de él, y toma en tu mano la a vara que se volvió serpiente 16 y dile: a Jehová , el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo para que me b sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oír.

  • 17 Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: He aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el a río , y se convertirá en b sangre;
  • 18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río;

19 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de agua, para que se conviertan en a sangre , y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra.

  • 20 Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara, golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos, y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre;

21 Asimismo, los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él; y hubo sangre por toda la tierra de Egipto. 22 Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; y el a corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.

¿Cuántos años tenía Moisés cuando se fue de Egipto?

– Moisés guió al pueblo de Israel durante 40 años por el desierto hasta la Tierra Prometida y pasó 40 días de oración en el monte Sinaí antes de recibir las Tablas de la Ley (Deuteronomio 9, 9-11).

¿Cuándo Moisés conocio a Dios?

Aunque era de origen hebreo, Moisés creció en la familia del rey de Egipto, como el nieto de Faraón. Su aversión por la injusticia estalló en un ataque letal a un hombre egipcio, al que sorprendió golpeando a un trabajador hebreo. Faraón se enteró de este acto, así que por seguridad, Moisés huyó y se convirtió en pastor en Madián, una región a varios cientos de millas al este de Egipto, en el otro lado de la Península del Sinaí.

No sabemos cuánto tiempo vivió ahí exactamente, pero en ese tiempo se casó y tuvo un hijo. Además, ocurrieron dos sucesos importantes. El rey de Egipto murió, y el Señor escuchó el clamor de Su pueblo oprimido y se acordó de Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob (Éx 2:23-25).

Este acto de recordar no significa que Dios había olvidado a Su pueblo, sino que señala que estaba a punto de actuar a favor de ellos. [1]  Para esto, Él llamó a Moisés. Dios llamó a Moisés mientras él estaba trabajando. El relato de cómo ocurrió comprende seis elementos que forman un patrón evidente en las vidas de otros líderes y profetas en la Biblia.

  1. Por lo tanto, es provechoso examinar esta narrativa del llamado y considerar sus implicaciones para nosotros actualmente, especialmente en el contexto de nuestro trabajo;
  2. Primero, Dios confrontó a Moisés y llamó su atención por medio de la zarza ardiente (Éx 3:2-5);

Un incendio forestal en una zona semidesértica no es nada especial, pero Moisés se maravilló por la naturaleza de este en particular. Él escuchó su nombre y respondió, “heme aquí” (Éx 3:4). Esta es una declaración de disponibilidad, no de ubicación. Segundo, el Señor se presentó a Sí mismo como el Dios de los patriarcas y comunicó Su intención de rescatar a Su pueblo de Egipto y traerlos a la tierra que le había prometido a Abraham (Éx 3:6-9).

Tercero, Dios comisionó a Moisés a que fuera a Faraón y liberara al pueblo de Dios de las manos de Egipto (Éx 3:10). Cuarto, Moisés refutó (Éx 3:11). Aunque había escuchado una poderosa revelación de quién estaba hablándole en ese momento, su preocupación inmediata fue “¿quién soy yo?” Dios respondió confortando a Moisés cuando le promete Su presencia (Éx 3:12a).

Finalmente, Dios habló de una señal de confirmación (Éx 3:12b). Estos mismos elementos están presentes en varios relatos de otros llamados en la Escritura, por ejemplo en el llamado de Gedeón, Isaías, Jeremías, Ezequiel y algunos de los discípulos de Jesús.

El juez  Gedeón El profeta Isaías El profeta Jeremías El profeta Ezequiel Discípulos de Jesús  en Mateo
Confrontación 6:11b-12a 6:1-2 1:4 1:1-28a 28:16-17
Presentación 6:12b-13 6:3-7 1:5a 1:28b-2:2 28:18
Comisión 6:14 6:8-10 1:5b 2:3-5 28:19-20a
Refutación 6:15 6:11a 1:6 2:6, 8
Confortación 6:16 6:11b-13 1:7–8 2:6-7 28:20b
Señal de confirmación 6:17-21 1:9-10 2:9-3:2 Posiblemente el libro de Hechos

Note que estos llamados no son principalmente al trabajo pastoral o religioso en una congregación. Gedeón fue un líder militar; Isaías, Jeremías y Ezequiel fueron críticos sociales y Jesús fue un rey (aunque no en el sentido tradicional). En muchas iglesias hoy en día, el término “llamado” se limita a las ocupaciones religiosas, pero esto no es así en la Escritura y ciertamente no lo es en Éxodo.

Esta no es una fórmula estricta, ya que muchos otros llamados en la Escritura siguen un patrón diferente, pero sí sugiere que el llamado de Dios viene con frecuencia por medio de una serie extensa de encuentros que con el tiempo, guían a una persona en el camino de Dios.

Moisés mismo no fue un sacerdote ni un líder religioso (esos eran los roles de Aarón y Miriam), sino un pastor, hombre de Estado y gobernador. La pregunta que el Señor le hizo a Moisés de “¿Qué es eso que tienes en la mano?” (Éx 4:2) le da un nuevo propósito a la herramienta común de pastoreo de Moisés para usos que jamás se habría imaginado (Éx 4:3-5).

¿Cuántos años duró Moisés?

Moisés מֹשֶׁה
Moisés , por Miguel Ángel , 1513-1515. San Pietro in Vincoli, Roma.
Información personal
Nombre en hebreo מֹשֶׁה
Nacimiento Siglo XIV a. [ 1 ] ​ Gosén , [ 2 ] ​ Antiguo Egipto
Fallecimiento Siglo XIII a. [ 3 ] ​ Monte Nebo
Residencia Egipto , Península del Sinaí y Madián
Religión Judaísmo
Familia
Padres
  • Amram y Jocabed (biológicos)
  • Thermutis (madre adoptiva)
  • Cónyuge Séfora
    Familiares
  • Aarón (hermano)
  • Miriam (hermana)
  • Información profesional
    Ocupación Líder militar, líder religioso, legislador , taumaturgo, pastor y gobernante
    Área Filosofía moral
    Cargos ocupados
    • Juez bíblico
    • Profeta de Judaísmo
    Información religiosa
    Canonización Culto inmemorial
    Festividad 4 de septiembre (rito romano) [ 4 ] ​
    Venerado en judaísmo , cristianismo , islam y bahaísmo
    Alumnos Josué , Eleazar y Phinehas
    Títulos y reconocimientos[mostrar]
    [ editar datos en Wikidata ]

    Moisés (en hebreo , מֹשֶׁה ‎, pron. estándar: Moshé , pron. tiberiana : Mōšeh ; en griego antiguo , Mωϋσῆς, Mōüsēs ; en latín , Moyses ; en árabe , موسىٰ‎ ‎, Mūsa ), llamado en la tradición judía Moshe Rabbenu (מֹשֶׁה רַבֵּנוּ, Moisés nuestro maestro), [ 5 ] ​ es el profeta más importante para el judaísmo , liberador del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto y encargado por Dios de entregar la Ley escrita y, según los rabinos , la Ley oral, codificada más tarde en la Mishná.

    • [ 6 ] ​ El cristianismo heredó esta imagen de Moisés, a quien venera como redentor y legislador y, por ello, anticipo de Cristo;
    • En ambas tradiciones, Moisés es el autor del Pentateuco , en hebreo Torá , los cinco primeros libros de la Biblia, que contienen la Ley, llamada por ello Ley de Moisés;

    En el Islam , Moisés es uno de los profetas que más veces (ciento treinta y seis) se nombra en el Corán. En dichas referencias se dice que Moisés es el mensajero enviado al pueblo de Israel y el único en haber escuchado directamente a Dios , por lo cual se lo llama kalîm Allah.

    Los relatos del Corán retoman y a veces reelaboran las narraciones sobre Moisés contenidas en la Biblia y en la Hagadá , para remarcar el paralelismo entre Moisés y Mahoma , a quien el primero habría anunciado.

    En todas las religiones abrahámicas , Moisés es una figura central como profeta y legislador. El Éxodo constituye la fuente primaria y la más antigua sobre Moisés, el libro sagrado relata la vida y obra del profeta, así como sus parientes y legado. Su nacimiento se da en Egipto , hijo de Amram y de Jocabed , ambos de la tribu de Leví.

    En aquel tiempo, el Faraón (se desconoce el nombre) para controlar la población hebrea, emite que todo hijo varón sea echado al Nilo, la madre de Moisés lo coloca en una cesta al río de donde es recogido por la hija del Faraón (el midrash la llama Bitia ), quien lo cría como propio.

    En su juventud, mata a un egipcio que maltrataba a un hebreo y huye al país de Madián en el desierto. Allí se casa y tiene una revelación divina en el Monte Sinaí. [ 7 ] ​ Regresa a Egipto por orden divina y junto a su hermano Aarón demandan al Faraón (se desconoce el nombre) la libertad de los hebreos; ante la negativa del soberano invocan sobre Egipto las diez plagas bíblicas.

    • A causa de ellas, los hebreos son liberados y Moisés los conduce hacia el Sinaí;
    • Allí, recibe la Ley, la entrega al pueblo de Israel y organiza sus instituciones y culto;
    • Finalmente, después de pasar cuarenta años en el desierto, lleva al pueblo hasta la Tierra Prometida , pero muere en el monte Nebo ( Transjordania ) antes de poder ingresar en ella;

    La Biblia no menciona donde sepultaron a Moisés. El judaísmo rabínico considera que la vida de Moisés se extiende desde el año 1391 a. hasta 1271 a. [ 8 ] ​ [ 9 ] ​, mientras que Jerónimo lo ubica en 1592 a. [ 10 ] ​ y James Ussher en 1571 a. [ 11 ] ​ A partir del siglo  XVII , la atribución del Pentateuco a Moisés fue puesta en duda, entre otros, por Baruch Spinoza.

    1. En el siglo  XVIII , Jean Astruc reforzó esta noción con argumentos de crítica textual ; en ambos casos no se negó la existencia de Moisés;
    2. A partir del siglo  XIX se intentó ubicar a Moisés en el Imperio Nuevo de Egipto , relacionándolo con figuras como Akenatón o Ramsés II;

    El consenso actual es que se trata de un personaje legendario, aunque algún líder tribal tipo-Moisés pudo haber existido a finales de la Edad del Bronce. [ 12 ] ​ [ 13 ] ​ [ 14 ] ​ [ 15 ] ​ [ 16 ] ​.

    ¿Por qué tardaron 40 años en llegar a la tierra prometida?

    Introducción El pueblo de la alianza debe peregrinar cuarenta años por el desierto debido a su desobediencia al Señor. Este es uno de los contenidos esenciales que trasmite el Libro de los Números 1. En efecto, Israel debe vagar ese largo tiempo a causa de su rebeldía, que ha merecido tal punición divina.

    • El Señor lo expresa sin ambages en la larga sentencia que pronuncia, en diálogo con Moisés, ante la constatación del grave delito de los israelitas: ellos han murmurado contra el Señor y así lo han despreciado (cf;

    Nm 14,11-35, particularmente en los vv. 32-35). ¿Cuáles son los criterios en que se funda el castigo divino? ¿Ira o justicia? ¿Venganza o misericordia? Solo el estudio detenido de la sentencia antes mencionada permitirá dilucidar estas interrogantes. Se realizará del siguiente modo: primero un análisis contextual del veredicto; luego, se harán algunas consideraciones diacrónicas; después, se abordarán las principales líneas teológicas contenidas en él; y, finalmente, se reflexionará sobre los criterios en que se sustenta.

    • Contexto literario de la sentencia divina de Nm 14,11-35 a) El castigo divino en el Libro de los Números El castigo divino es un tema recurrente en el Libro de los Números;
    • En efecto, en él se narra que Dios castiga sucesivas rebeliones 2 : comenzando en Taberá con los lamentos del pueblo por la carencia de carne, a los que Dios responde con el envío de miles de codornices, pero también con la plaga subsiguiente en la que murieron “una muchedumbre de glotones” (Nm 11,33-34);

    Luego las quejas de María y de Aarón, arrogándose la profecía en desmedro de Moisés, que enardecen la ira del Señor, quien envía la lepra sobre aquella mujer (Nm 12,1-16). Después, la rebelión del pueblo, azuzada por los nefastos reportes de los espías, que termina con el castigo de la generación del Sinaí (Nm 13-14), cuya resolución es objeto de la presente reflexión.

    Sigue la violación del sábado por un hombre, quien es condenado a muerte (Nm 15,32-36). Posteriormente, la insurrección de Coré, Datán, Abirón y los rubenitas, más doscientos cincuenta hombres principales, quienes se abrogaban la dignidad sacerdotal contra Moisés y Aarón; Dios interviene y hace que la tierra se los trague (Nm 16,1-35).

    Más adelante, las quejas del pueblo sediento en Cades, con la reacción del Señor que hace brotar agua de la roca por la intervención de Moisés y el castigo divino contra él y su hermano Aarón por haber desconfiado de Dios en ese trance (Nm 20,1-13). También, las murmuraciones de los israelitas contra Dios, mientras van de camino por el desierto, y el envío de serpientes abrasadoras como punición (Nm 21,4-9).

    1. Finalmente, los israelitas en Peor se adhieren al culto a Baal arrastrados por las mujeres moabitas con quienes fornican: Dios los castiga con una plaga (Nm 25);
    2. Es claro, hay casos de rebeliones comunitarias y rebeldías personales o de grupos determinados, pero todas terminan con la punición divina, aunque en muchas de ellas se observa también que se abren posibilidades de perdón;

    La contrapartida ante esta desoladora experiencia de Israel es su fidelidad al Señor. En efecto, en la medida en que el pueblo sigue la voluntad divina, derrota a sus enemigos y conquista su tierra, tomando posesión de ella: Jormá (Nm 21,1-3); derrota a Sijón y conquista la tierra de los amorreos (Nm 21,21-31); acaba con Og, rey de Basán, y se apodera de su país (Nm 21,32-22,1); guerrea contra Madián y lo vence (Nm 25,16-18; 31,1-12).

    1. En síntesis, es el panorama en el que se enmarca gran parte del Libro de los Números (Nm 10,11-36,13 3 ) -y el resumen inicial del Libro del Deuteronomio (Dt 1,1-4,43)- que relatan los cuarenta años de peregrinación del pueblo por el desierto;

    La línea gruesa del mensaje es diáfana: en buena medida se narra una seguidilla de castigos por las rebeliones de los israelitas contra la voluntad divina, jalonada de sus victorias en la Transjordania cuando siguen los designios del Señor; estas últimas incluso se pueden considerar el inicio de la conquista de la tierra prometida 4.

    1. b) La sentencia divina de Nm 14,11-35 La sentencia divina de Nm 14,11-35 pertenece al relato de la exploración de la tierra prometida y sus consecuencias que abarca los capítulos 13 y 14 del Libro de los Números;

    En la narración, los israelitas dan crédito al tinte aterrador que va tomando el relato de la mayoría de los exploradores enviados a la tierra prometida. Ellos la denuestan advirtiendo sobre la peligrosidad de sus habitantes, pese al cariz contrario de Caleb y Josué que, al contrario, instan a los israelitas a ingresar al país, arguyendo que el Señor está con su pueblo (cf.

    Nm 13,25-14,9). La rebelión supone que Dios en el Sinaí había ordenado al pueblo la inmediata entrada y toma de posesión de la tierra prometida. Esta orden, sin embargo, solo es explícita en el texto paralelo de Dt 1,6-8: El Señor, nuestro Dios, nos habló así en el Horeb: «Ya han estado bastante tiempo en esta montaña.

    ¡En marcha!, partan y entren en la montaña de los amorreos, y donde todos sus vecinos de la Arabá, la montaña, la tierra baja, el Négueb y la costa del mar; en la tierra de Canaán y el Líbano, hasta el río grande, el río Éufrates. Miren: Yo he puesto esa tierra ante ustedes; vayan a tomar posesión de la tierra que Yahveh juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia después de ellos».

    El Señor reitera la orden poco después en Cades Barnea, luego de que el pueblo hizo el primer trecho del camino desde el Horeb (cf. Dt 1,21). Esta comprensión no pertenece solo al resumen inicial, sino también al cuerpo del relato del Deuteronomio, pues se vuelve a hacer alusión a este mandato más adelante en Dt 9,22-23.

    En el Libro de los Números se narra el movimiento de Israel de otro modo 5. En Nm 10,11-36 encontramos el ofrecimiento que hace Moisés a su cuñado Jobab para que acompañe al pueblo, de modo que lo guíe por el desierto: “nosotros partimos para el lugar del que ha dicho el Señor: se los daré” (Nm 10,29).

    • Es claro, en esta tradición Moisés y el pueblo entienden que la llegada a la tierra prometida requerirá de un camino por el desierto relativamente prolongado;
    • La orden del Señor, trasmitida a Moisés, al menos no es explícita; solo con un cierto esfuerzo se la puede armonizar con la petición que hace Moisés a su cuñado de prestar el servicio de guía;

    En efecto, inmediatamente se relatan las tres primeras jornadas por el desierto (cf. Nm 10,33-36) y, luego, algunos episodios de quejas contra el Señor y contra Moisés (Nm 11,1-12,16). Todo ello en un recorrido en dos etapas: De Quibrot Hatavá a Jaserot (cf.

    Nm 11,35) y desde ese lugar al desierto de Parán (cf. Nm 12,16). Se debe notar que en la descripción no se indica ninguna orden divina en relación al desplazamiento de Israel. En Nm 13,1-2, sin embargo, se narra la orden dada por el Señor a Moisés, para que envíe exploradores a la tierra prometida.

    Debía consistir en una comitiva de doce hombres principales, uno por cada tribu. Así, Moisés envió la comitiva para que informara sobre el don que el Señor estaba por darles (cf. Nm 13,3. 17-20). Esta orden divina no se contiene en el relato paralelo del Deuteronomio.

    Es más, en aquella narración Moisés concede la petición de los israelitas y aprueba el envío de espías sin mediar orden divina alguna (cf. Dt 1,22-23) 6. El relato inicial de la exploración deja la impresión de que los espías harán un reporte muy positivo de la tierra que el pueblo de Israel tiene que conquistar (Nm 13,17-24).

    Sin embargo, el informe va adquiriendo matices espeluznantes y desalentadores en razón del poderío de los habitantes del país y la fortificación de sus ciudades (cf. Nm 13,27-29. 3133). Enseguida, los exploradores recomiendan no subir a aquella tierra. Solo se opone Caleb, uno de los expedicionarios (Nm 13,30), aunque más adelante, se sabrá que también Josué se opuso junto con Caleb (Nm 14,6-9).

    Sorprendentemente, con todo, en la sentencia divina que sigue a esta nota aclaratoria, se ignora la oposición de este segundo expía. En efecto, se dirá que solo Caleb será eximido de la pena de muerte (Nm 14,24) y, precisamente, por haber obedecido puntualmente lo que había ordenado el Señor.

    Con todo, Josué reaparecerá más adelante en la narración, junto a Caleb, entre los liberados de la pena capital en el desierto (Nm 14,30). La omisión inicial de la reacción de Josué junto a la de Caleb a la negativa postura de los espías (Nm 13,30) y también su ausencia en Nm 14,24, no se resuelven con la mera lectura sincrónica.

    1. En efecto, si Nm 13 y 14 se tratara de un escrito unificado resultarían contradictorias y hasta altamente absurdas algunas cuestiones que se podrían desprender del texto, tal como lo leemos en su forma actual;

    Por ejemplo, cabría plantearse las siguientes preguntas: – ¿Por qué el narrador olvidó a Josué cuando describió que Caleb, contrarrestando los nefastos reportes de los otros espías, animaba al pueblo a subir a la tierra prometida? (cf. Nm 14,30). Se hubiera esperado que de alguna manera incluyera también a Josué en esa reacción, así como lo hace poco después, cuando narra que Caleb y Josué rasgaron sus vestiduras en señal de oposición a la murmuración del pueblo, precisamente suscitada por esos reportes (cf.

    • Nm 13,30 y Nm 14,6-9);
    • – ¿Sucede que el Señor corrigió su mala memoria -su desvarío- en la larga sentencia que pronuncia contra los culpables, pues en un primer momento solo eximió a Caleb del castigo en razón de su fidelidad, pero luego junto a él también excluyó a Josué? (cf;

    Nm 14,24 y 14,30) 7. Consideraciones diacrónicas: un coro polifónico del perdón Las interrogantes recién planteadas ameritan, ciertamente, una solución desde el punto de vista diacrónico. En efecto, encuentran respuestas satisfactorias solo si se comprende que la sentencia divina de Nm 14,11-35, que sanciona la rebelión de Israel en Cades en el desierto de Parán (cf.

    1. Nm 13,25), es la fusión de elementos de distintos origen;
    2. Esto es, si se la entiende no como una sola voz, sino como una suerte de coro polifónico;
    3. Por eso, a continuación se auscultarán las distintas voces que componen el coro polifónico que ofrece el relato actual, permitiendo también observar el aporte de cada una;

    Las operaciones que se ejecutarán serán básicamente tres: una breve comparación intrabíblica, el recurso a los lugares paralelos, como primera aproximación; luego el estudio de las tensiones internas en el discurso de Nm 14,11-35 para individuar las distintas voces que lo componen; finalmente, el contraste de ellas con textos relacionados para percibir algunas notas teológicas con que contribuyen a formar el coro actual.

    a) Breve comparación con los paralelos contenidos en Dt 1,19-46 En Dt 1,19-46 se contienen algunas tradiciones escritas paralelas a las que aparecen en Nm 13-14. En Dt 1,34-37 8 llama la atención que se nombre solo a Caleb entre los exceptuados de la pena capital, decretada a causa de la incredulidad del pueblo, precisamente por la misma razón que se arguye en Nm 14,24: “porque me siguió cabalmente” (expresión correspondiente exactamente a la de Dt 1,36).

    Sin embargo, en Nm 14,24 no se dice explícitamente que Caleb se haya opuesto al pavoroso relato de los espías que instaban al pueblo a no subir inmediatamente a la tierra prometida, como era el querer del Señor. Esto último se expresa en Nm 13,30. Esa oposición también aparece en el libro del Deuteronomio en Dt 1,29-32, pero está en boca de Moisés, aunque de modo más extenso y explícitamente poniendo como fundamento de la oposición la confianza en el Señor.

    Esta conexión, si bien se supone, no aparece en Nm 13,30. Otro punto a considerar en este parangón radica en que en Dt 1,38, el Señor incluye a Josué entre los que entrarán en la tierra prometida, pero no lo hace en razón de una participación análoga a la de Caleb en la oposición a la rebeldía del pueblo, como se describe en Nm 14,6-9.

    En Dt 1,38 se limita a la aseveración de que será Josué, el “ayudante” de Moisés, quien conducirá la entrada del pueblo en la tierra prometida, en contraste con su “jefe” excluido por decisión divina a causa de su debilidad, pues cedió ante la petición de los israelitas de primero explorar la tierra antes de subir a conquistarla (cf.

    1. Dt 1,22;
    2. 37);
    3. Aunque habría todavía más elementos a considerar, de esta comparación se desprende que muy probablemente en Nm 13-14 se reelaboran las mismas tradiciones escritas que se reportan en Dt 1,19-46 sobre el suceso en cuestión;
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    Sendos textos lo hacen de un modo diferente. Cabe señalar que en la disposición del libro del Deuteronomio hay un elemento ausente: la intercesión de Moisés en favor del pueblo. Es precisamente en esa argumentación donde se pone al descubierto con mayor claridad la razón del perdón divino.

    b) Tensiones al interior de la sentencia divina de Nm 14,11-35 En la sentencia de Nm 14,11-35, el Señor comunica a Moisés que acabará con el pueblo que lo ha desdeñado y ha desconfiado de él (v. 11) y que hará del mismo Moisés un nuevo pueblo elegido (v.

    12). Moisés intercede por los israelitas, logrando aplacar al Señor con sus argumentos (vv. 14-19), quien perdona al pueblo pero sentencia que los culpables no verán la tierra prometida: es decir, morirán antes de que el pueblo acceda al país (vv. 20-24). Establece una excepción: solo Caleb y su clan tomarán posesión de la tierra (cf.

    24) en atención al espíritu que lo movió y a que lo siguió cabalmente (= obediencia). Es evidente que esta excepción contrasta con la primera decisión divina: ¿por qué solo se tiene en cuenta a Caleb y a su clan una vez que se ha perdonado al pueblo? ¿Consiste el perdón del Señor en la preservación de los inocentes representados en Caleb y su progenie? La narración continúa y se impone otra contradicción.

    En los vv. 26-27 el Señor profiere preguntas retóricas que en cierta medida son paralelas y retoman interrogantes similares planteadas en el v. 11. En todos estos versículos se contienen preguntas que se autoplantea el Señor como reacción ante el desdén y la desconfianza del pueblo frente a los espeluznantes reportes de los exploradores (v.

    11) y a la murmuración consecuente de los israelitas (vv. 26-27). El v. 27 puede ser leído como una vuelta atrás. Un detalle relevante al comparar estos versículos radica en que en el v. 11 el interlocutor del Señor es solo Moisés, mientras que en el v.

    26, se agrega también a Aarón. Acto seguido, se repite la misma punición, “no entrarán en la tierra” los israelitas que han murmurado contra el Señor (v. 30), aunque se agregan especificaciones tanto de la pena como de las personas a las que se les aplica.

    • Respecto de la sanción se aclara que consiste en la pena capital: los culpables morirán en el desierto (“caerán”, “sus cadáveres caerán”; “no quedará ninguno en el desierto: todos deben morir”, cf;
    • vv;
    • 29;

    32-33. 35). Con todo, se amplía el número de los eximidos de esta pena: además de Caleb (y su descendencia, se supone; cf. 24), se exceptúa a Josué, hijo de Nun (v. 30), y a todos los pequeñuelos, esto es, todos aquellos por cuya eventual perdición los israelitas había murmurado (cf.

    1. 3 y v;
    2. 31);
    3. Ciertamente, se refiere a los menores de veinte años, quienes no son considerados sujetos de responsabilidad penal (cf;
    4. 29);
    5. Estos, sin embargo, “cargarán con la infidelidad” de sus padres siendo nómades por el desierto hasta que toda la generación del Sinaí, salvo los exceptuados, caigan por el camino (v;

    33). Cuarenta años trashumando, un año por cada día de exploración del país, con la finalidad de que los culpables comprendan qué significa la rebelión contra el Señor (v. 34). c) Delimitación de los componentes de la sentencia divina El lector atento queda algo desconcertado por esta tercera clarificación de la pena que el Señor quiere infligir al pueblo rebelde, la cual se especifica mucho más como hemos observado, poniendo alguna tensión respecto de las descripciones anteriores.

    Para considerar todas ellas como provenientes de una sola mano se deben hacer complementos que no están en el texto como, por ejemplo, que al perdón otorgado por el Señor al pueblo gracias a la intercesión de Moisés (cf.

    20) sucede un nuevo plan punitivo, algo distinto al original (vv. 21-24; cf. 12). Decisión que luego tiene un nuevo ajuste (vv. 29-35). Solo la consideración de que la sentencia divina es fruto de la fusión coordinada de elementos de distinto origen permite despejar satisfactoriamente estas contradicciones y explicar la forma actual del texto.

    1. En ella distinguimos 9 : i;
    2. Condena divina e intercesión de Moisés con su inmediata acogida por parte del Señor (Nm 14,11b-23a) No pocos estudios 10 reconocen que la condena divina e intercesión de Moisés y su inmediata acogida por parte del Señor en Nm 14,11b-23a es un añadido posterior en una sentencia condenatoria más antigua delimitada en Nm 14,11a;

    23b-24(25) (letra b). Se trata de la intercesión de Moisés ante el Señor, quien ha manifestado su voluntad de terminar con el pueblo y hacer del mismo Moisés un nuevo pueblo elegido (v. 12). En efecto, esta resolución divina contrasta con la propuesta en la breve sentencia de Nm 14,11a.

    23b-24(25). En esta última, todos los israelitas deben perecer mientras que solo Caleb y su clan tomarán posesión de la tierra (cf. Nm 14,24). Con la interpolación de Nm 14,11b-23a, ese desenlace aparece en la forma actual de la sentencia divina como una primera etapa de perdón y esperanza.

    ii. Sentencia condenatoria que exime solo a Caleb de la pena capital (Nm 14,11a. 23b-24[25]) Este breve discurso contiene la sentencia divina contra el pueblo rebelde en el que se engarza el añadido recién referido. Es fuertemente paralela a la sentencia divina reportada en Dt 1,35-36.

    • En efecto, en ambas se exceptúa a Caleb de la pena capital, posibilitándole ver la tierra prometida y entrar en ella, al tiempo que a sus descendientes poseerla como heredad;
    • Además, parece evidente que esta sentencia proviene de la misma mano a la que pertenece sino todo, una buena parte, del material comprendido en Nm 13,28-33, es decir, la segunda parte del reporte de los espías hebreos que entraron en Canaán: la dramática relación que intenta disuadir a los israelitas de que entren a tomar posesión de la tierra prometida a causa de la fuerza y número de sus habitantes 11;

    Se debe notar que el lector atento observa fácilmente la tensión entre el añadido de los vv. 11b-23a y el texto donde fue insertado, los vv. 11a. 23b-24(25). El punto central radica en que implican dos resoluciones divergentes: en el añadido, Moisés y su posteridad tomarán posesión de la tierra prometida; mientras que en la sentencia más antigua, lo harán Caleb y sus descendientes.

    1. iii;
    2. Sentencia divina condenatoria que exime a Josué y a los pequeñuelos de la pena capital (Nm 14,26-35) La sentencia divina de Nm 14,26-35 forma parte con alta probabilidad de una unidad más larga, comprendida en Nm 14,1-10;

    26-38*. Claro está, no sin reelaboraciones y ajustes menores posteriores, sobre todo para coordinarla con los otros elementos del capítulo. Con mucha probabilidad también está estrechamente vinculada al relato sacerdotal, principalmente por su relación explícita con la narración del censo, relato claramente sacerdotal, y por el uso de vocabulario sacerdotal característico 12.

    En efecto, la rebelión 13 cunde en el pueblo con tintes de desesperación y llanto (cf. Nm 14,1) y luego acaba en crasa murmuración (cf. Nm 14,2-3; cf. Nm 14,27. 29. 36). En ese angustioso trance, los israelitas se deciden a nombrar un jefe que los lleve de regreso a Egipto, derechamente marcha atrás.

    Así, la rebelión se vuelve una inversión del Éxodo (cf. Jr 2,18; Is 30,1-3) 14. En efecto, los israelitas manifiestan el deseo de volver a la servidumbre en Egipto. Prefieren ser siervos del faraón a vivir en la libertad de siervos del Señor 15. Recurren a medios humanos -la elección de un caudillo- ante las vicisitudes, desechando la confianza en el Señor.

    Se muestran incrédulos, pese a que Josué y Caleb insisten en la bondad de la tierra que el Señor les quiere dar y de que sus habitantes son “pan comido” (Nm 14,6-9). Ante esta situación, el Señor sentencia a aquella generación a morir a causa de su murmuración en Nm 14,26-35.

    Se salvarán los pequeñuelos: los menores de edad (Nm 14,29), quienes serán introducidos en la tierra prometida y la poseerán (Nm 14,31), precisamente aquellos respecto de quienes se argüía que serían tomados en cautiverio por los habitantes del país (Nm 14,3 cf.

    1. 31);
    2. Además de ellos, Caleb y Josué 16 serán los únicos adultos eximidos de la pena capital decretada (Nm 14,30);
    3. Esta consideración encuentra confirmación en la narración de la ejecución de la sentencia en Nm 14,36-38, pues nuevamente en el v;

    38 17 se afirma que Josué y Caleb sobrevivieron a la masacre. En la forma actual del capítulo 14, esta sentencia aparece como una suerte de rectificación y/o ampliación de lo dicho en el v. 24, sin que explícitamente se manifieste. Con todo, el lector atento puede notar que aumentan las tensiones que provoca la lectura sincrónica del relato de Nm 13-14: Por una parte, Caleb no es el único exceptuado de la pena capital, sino también Josué.

    Por otra, no solo la posteridad de Moisés (Nm 14,12) o la de Caleb (Nm 14,24) estarían en el plan del Señor para ser merecedoras de la heredad prometida, sino también los pequeñuelos, los menores de edad, de todas las tribus (Nm 14,31).

    Como se dice más arriba, no pueden sino surgir preguntas irresolubles desde la sincronía: ¿Es que el Señor tiene tres planes diferentes? ¿O rectifica su plan original, ampliando el alcance del perdón? En consecuencia, una consideración diacrónica resuelve adecuadamente las tensiones.

    Cabe preguntarse, sin embargo, ¿por qué no se re-escribió toda la historia y se las evitó?, ¿por qué se prefirió solo hacer añadidos y reelaboraciones menores que saltan a la vista de cualquier observador? La respuesta excede el propósito de esta reflexión, pero grosso modo se debe afirmar que el Israel postexílico, por una parte, no tiene los medios materiales suficientes para hacerlo 18 y, por otra, en la literatura israelita rige la “ley de la conservación” 19 , es decir, que no se pierde nada o casi nada de las distintas tradiciones que confluyen en la comunidad postexílica, integrando en un solo relato compuesto todas esas tradiciones.

    Hilos teológicos en las tres voces del perdón divino La detección de tradiciones escritas fundidas en Nm 13-14 induce a constatar en este pasaje la confluencia de aproximaciones teológicas diversas, las cuales pueden diferenciarse también desde el punto de vista diacrónico: a) Teología no sacerdotal contenida en la sentencia de Nm 14,11a.

    1. 23b-24 (25): Esta sentencia sanciona la cancelación del plan divino, por el cual las doce tribus de Israel debían tomar posesión de la tierra prometida;
    2. La condena consiste en la declaración perentoria de que solo Caleb entrará a la tierra y sus descendientes la poseerán;

    Resulta significativa, pues Caleb se relaciona con la tribu de Judá en la forma actual del relato 20. De hecho, figura como el espía de esa tribu enviado junto a los otros de los once restantes clanes (Nm 13,6). La falta de los israelitas es descrita con el verbo desdeñar (nS) usado en Nm 14,11a y 23b), es decir, el desprecio del Señor y de su poder para hacer frente a los robustos habitantes del país y para asaltar sus fortificaciones (cf.

    1. Nm 13,28-31);
    2. b) Teología deuteronomista en la condena divina e intercesión de Moisés en Nm 14,11b-23a A la breve sentencia mencionada en el punto anterior, se integra la intercesión de Moisés con que obtiene el perdón divino ante la decisión del Señor de herir al pueblo y desheredarlo, pretendiendo hacer con Moisés un nuevo comienzo de la historia de salvación (Nm 14,12);

    La decisión divina es una sentencia casi idéntica a la pronunciada por el Señor contra los israelitas a causa de la crisis del becerro de oro (cf. Ex 32,7-10). La razón de fondo radica en que el Señor constata la gran desconfianza del pueblo, que significa en concreto un desdén hacia el mismo Señor.

    • La causa de la sanción, en definitiva, es la falta de fe del pueblo, la cual se relaciona directamente con su incapacidad de entender los signos hechos por Dios a favor de Israel tanto en Sinaí, como en el desierto;

    En efecto, en Ex 32,9 se habla de un pueblo de “dura cerviz”. Esta actitud comporta “la no escucha de la voz del Señor” (cf. Nm 14,22b), esto es, la desobediencia, que naturalmente implica una ruptura de la alianza establecida con Yhwh 21. Estas dos actitudes, en realidad, constituyen una crasa estupidez, que se agrava por el paso del tiempo.

    1. Dios ha multiplicado sus “signos” (Nm 14,11b;
    2. 22) e Israel no ha comprendido la bondad de la obediencia;
    3. Todo hace pensar de que se trata de una teología de marcado cuño deuteronomista: tanto el vocabulario, como el contenido es semejante al del Deuteronomio;

    Entre otros rasgos 22 , Dios ha hecho “signos” a favor de Israel que le deben dar seguridad en que continuará favoreciéndolo (Nm 14,11. 22 y Dt 4,34; 6,22-23; 7,19, etc. ); el Señor quiere hacer de Moisés un gran pueblo (Nm 14,12b; Ex 32,10; Dt 9,14); el motivo de la “fama del Señor” en la intercesión (Nm 14,13-16; Ex 32,12 y Dt 9,28); la descripción de Dios misericordioso (Nm 14,18; Ex 20,6; 34,7; Dt 5,10; 7,9-10) y el delito mismo, no escuchar la voz (Nm 14,22b y Dt 4,30; 8,20; 9,23, etc.

    En efecto, la intercesión de Moisés es casi como un remedo de su súplica a favor de los culpables después del incidente del becerro de oro (cf. Ex 32,10-14). Los argumentos esgrimidos son prácticamente los mismos: “el qué dirán los otros pueblos”, es decir, la “fama del Señor” (Nm 14,13-16; cf.

    Ex 32,11-14) y la revelación de la misericordia infinita del Señor (Nm 14,17-19; cf. Ex 34,6-9) 23. En este último argumento, además, Moisés explícitamente alude a la automanifestación divina en el Sinaí (cf. 17). La súplica de Moisés templa la ira destructiva inicial del Señor (Nm 14,12), quien anuncia la muerte de todos los que vieron la gloria de Dios y las señales que él realizó en Egipto y en el desierto (Nm 14,22; cf.

    Ex 32,35). c) Teología sacerdotal en la segunda sentencia del Señor en Nm 14,26-35 La segunda sentencia del Señor es parte del material Nm 14,1-10. 2638* 24. Se trata de la condena divina que tiene como origen la saturación del Señor ante las quejas que los israelitas le hacen.

    Ya no resiste más la murmuración del pueblo y decide que morirán todos los que habían sido censados 25. Éste dato pone a la luz que se trata de un relato perteneciente a la corriente teológica sacerdotal, uno de cuyos rasgos característicos es la tendencia hacia la “exacta identificación de las personas y los lugares” 26.

    Este rasgo se observa profusamente en Nm 1-4 donde se describe el censo de la generación del Sinaí, sobre todo en las largas y nutridas listas en las que se contabilizan todos los que están llamados a ser depositarios de la bendición divina.

    Por eso, es la teología que mejor se acomoda al apelativo griego del libro: Números. Esta misma preocupación que se observa en la orden de enviar a un explorador por cada tribu (Nm 13,1-2), pues ello conlleva que todas ellas tengan parte activa en la conquista (Nm 13,3-16).

    En la sentencia se declara que todos los adultos morirán (Nm 14,29), solo restarán Caleb, Josué y los pequeñuelos, esto es, los que en ese momento no tenían uso de razón suficiente como para ser responsables de sus actos.

    Ellos podrán ver la tierra que sus mayores han “despreciado” (Nm 14,31). El verbo usado para describir el delito de los israelitas es m 3 s, que designa la acción de rechazo o desprecio 27. Por esta actitud, el “desprecio” 28 , los adultos de Israel caerán en el desierto 29.

    1. El deprecio de los exploradores ha consistido en una “calumnia” contra la tierra prometida ( diBBâ `al‐hä’ärec en Nm 14,36-37; cf;
    2. 13,32-33: diBBaT hä’ärec ), con la cual han inducido al pueblo a murmurar contra el Señor (Nm 14,2-3);

    Por eso, los primeros en morir serán los espías (Nm 14,3637). Si bien la falta de los israelitas es algo diferente en esta segunda sentencia en relación a la anterior, apunta a lo mismo, pues el desprecio de la tierra implica el desdén hacia el Señor 30.

    • Nos enfrentamos a la teología de los relatos sacerdotales, que se capta bien si se la observa desde un paradigma que incluya los principales relatos atribuidos a la escuela, en una suerte de estructura de los mismos 31;

    Esta se basa en unos textos programáticos fundamentales: Gn 1,1-2,4a (creación); 9,1-17 (alianza postdiluviana); 17 (alianza con Abrahán) y Ex 6,2-8 (historia de Israel). En estos programas se plantea una historia en dos partes: la historia de la humanidad y la historia de Israel; cada una subdividida, a su vez, en dos fases.

    La historia de Israel se subdivide en la historia de los antepasados (los patriarcas) y la historia del pueblo. La articulación entre estas dos fases es remarcada por Ex 2,23b-25 y 6,2-8, pues en ellos se recuerdan las promesas hechas por Dios a los patriarcas (Ex 2,24 y 6,5).

    De hecho, Dios había prometido tres cosas a Abraham: – Una gran descendencia (Gn 17,2-6) que se cumple en Gn 47,27 y Ex 2,7. – Ser su Dios (17,7-8), es decir, la soberanía del Señor sobre su pueblo que se realiza cuando Él pasa a habitar en medio de su pueblo (Ex 25,8; 29,45-46 y sobre todo 40,34-35).

    – Una tierra (17,8). Con todo, esta última promesa queda incumplida en el Pentateuco. Los relatos sacerdotales aclaran el porqué: se debe a un fallo del pueblo, del cual es responsable. “La generación del éxodo no ha querido conquistar la tierra según el plan del Señor y por ello ha sido condenada a morir en el desierto.

    La segunda generación entrará en la tierra prometida a los patriarcas (Nm 14,26-38)” 32. En síntesis, en Nm 13-14 han sido coordinadas al menos tres voces teológicas, de distinto origen, que forman un coro bastante armónico que con matices canta narrativamente que la posesión de la tierra prometida no será realizada por la generación del Sinaí a causa de su infidelidad y desconfianza para con el Señor.

    Justicia y misericordia: criterios fundamentales de la sentencia divina A la luz de lo dicho, se colige que la sentencia divina estudiada está sustentada en la justicia. En efecto, el castigo está asociado a la falta de confianza del pueblo en el Señor, precisamente porque esta carencia atenta contra la esencia misma de la alianza 33.

    En el Decálogo se manifiesta el estatuto primordial del pacto que sellarán el Señor y los israelitas, toda vez que el Señor lo pronuncia directamente delante de ellos (Ex 20,1-17; cf. Dt 5,6-22, especialmente el último versículo). En algunas de sus disposiciones encontramos los dos principios que hacen patente que la confianza es el núcleo de la fidelidad exigida por la alianza: a) en Ex 20,2 el Señor declara “Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud”.

    Se trata del sustrato de la alianza: Él es justo y por su propia iniciativa ha actuado en favor del oprimido (cf. Ex 2,23b-25; 3,6-9), aunque no solo para restablecer la justicia, por ejemplo, devolver a los israelitas el estatuto de huésped (cf.

    Gn 46) que el nuevo faraón le había conculcado (cf. Ex 1-5), sino también para hacerlos su propiedad personal (cf. Ex 19,3-5). Por esta razón, Israel no puede tener otros dioses delante del Señor (es el primer mandamiento: Ex 20,3), ni siquiera ídolos ante los cuales prosternarse (Ex 20,4-5a); b) El Señor es celoso y, por lo mismo, amante, justo y misericordioso a la vez.

    Así reza Ex 20,5b-6 34 :. porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia ( Hesed ) a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.

    Sin embargo, desde una aproximación superficial, la punición del Señor pareciera ser un acto de justicia que no se condice exactamente con su bondad original. Es más, ante la posibilidad de la muerte como condena divina para el trasgresor, pareciera incluso razonable sostener que lo mejor para el condenado habría sido seguir siendo esclavo en Egipto.

    Entonces, en cierta medida, las murmuraciones de los israelitas podrían tener al menos algo de razón (cf. Nm 14,2-3). Ciertamente, la muerte como sanción para los rebeldes es entendida por la sentencia de Nm 14,11-35 (y en el resto del Libro de los Números y del Pentateuco) como desaparición de la existencia, y no como punición medicinal en vista a una vida mejor en el más allá.

    En efecto, en el Pentateuco una vida postmortem no se encuentra por ninguna parte explícitamente afirmada, sino solo incoada, por ejemplo, en las maldiciones y bendiciones que comportan el cumplimiento y el incumplimiento de la alianza, respectivamente (cf.

    • Dt 30,15-20; Lv 26,3-41);
    • De hecho, la muerte es la maldición suprema;
    • Pero, al mismo tiempo, Dios no se muestra injusto, ni tampoco despiadado;
    • Las intercesión de Moisés en Nm 14,11b-23a, en especial en los vv;

    17-19 (así como en su intercesiones de Ex 32-33 y también las de Abrahán en Gn 19) indica que el corazón del Señor es misericordioso, “tardo a la ira y lleno de amor”, que no paga como merecen los culpables, pero al mismo tiempo que es justo y, por eso, no deja impune el pecado y la trasgresión 35.

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    En una palabra, que la justicia y la misericordia son dos facetas inseparables en el Señor. Vale la pena notar que en Nm 14,17-19 se utilizan dos de los términos bíblicos más relevantes para designar la infidelidad de los israelitas 36 : `äwön , es decir, culpa o situación de iniquidad y peša` , esto es, delito o acto de rebelión 37.

    En cuanto a la gracia, usa dos expresiones características del vocabulario que indica el favor divino en el Antiguo Testamento: ´erek ´aPPayim : es decir, lento a la cólera, o sea, paciente y rab-Hesed 38 , esto es, lleno de amor, o sea, amor gratuito, generoso, bondadoso (cf.

    Jl 2,13; Jon 4,2; Ne 9,17) 39. Incluso aún más relevante resulta considerar que en esta parte de su intercesión, Moisés le recuerda al Señor su automanifestación, cuando él accedió a perdonar al pueblo de su infidelidad a la alianza, aún trascurridos solo 40 días de su establecimiento, aseverando de sí mismo en Ex 34,6a-7: El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse ( ´erek ´aPPayim ), y lleno en amor ( rab-Hesed ) y fidelidad.

    Él mantiene su amor ( Hesed ) a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa ( `äwön ), la rebeldía ( peša` ) y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación.

    • Esta autorevelación en cierta medida completa la manifestación de su enigmático nombre: “seré el que seré” (Ex 3,14);
    • En efecto, pone de manifiesto que el Señor existe en favor de Israel, incluso cuando este no merece sino la destrucción y el abandono;

    Israel comprende que ello se debe solo a la grandeza del amor del Señor ( Kî lü`ôläm HasDô , “porque eterno es su amor”, Sl 136,1ss; cf. Sl 117,2). En Nm 14,17-18 se encuentra condensado este mismo mensaje en labios de Moisés. Ahora ante la murmuración de los israelitas desencadenada por los informes de los espías, que degenera en un intento de regresar a Egipto, el caudillo de Israel intercede nuevamente a fa vor del pueblo rebelde apelando a la memoria del Señor de su misma automanifestación: Por eso, Señor, manifiesta la grandeza de tu poder, como tú lo has declarado, cuando dijiste: «El Señor es lento para enojarse ( ´erek ´aPPayim ) y está lleno de amor ( rab-Hesed ).

    1. Él tolera la culpa ( `äwön ) y la rebeldía ( peša` ), pero no las deja impunes, sino que castiga la culpa ( `äwön ) de los padres en los hijos y en los nietos hasta la cuarta generación»;
    2. La formulación es menos florida en vocabulario que su antecedente (Ex 34,6-7), pero no menos expresiva, ya que Moisés pide al Señor que perdone la culpa del pueblo, precisamente en atención a su “gran amor”: Kügödel HasDekä , “porque grande es tu amor” (Nm 14,19);

    Conclusión La sentencia divina de Nm 14,11-35, si bien se sustenta en la justicia del Señor, pues, de hecho, recalca que solo los culpables serán ajusticiados, mientras que los inocentes se verán incólumes; no se la puede comprender sino desde el horizonte de la misericordia divina que es aun más grande que su justicia.

    En efecto, en Nm 14,18 (y en Ex 34,7) es manifiesto que el Señor no deja impune las culpas; al contrario, estas son castigadas aunque en una proporción ínfima en relación al perdón y a la misericordia: el Señor castiga hasta la tercera o cuarta generación en relación a las mil generaciones por las que mantiene su amor y fidelidad (Ex 34,7).

    Si bien en Nm 14,18 está ausente la referencia a las “mil generaciones” 40 , debe suponérsela pues se trata de una alusión explícita del discurso de Ex 34,7. La desproporción significa que el Señor mantiene su amor y perdona la culpa eternamente, mientras que su punición es solo temporal.

    Esta disparidad se deja ver también en la petición de perdón que de inmediato Moisés formula al Señor en Nm 14,19: la razón fundamental para que el Él perdone, es decir, decrete justicia, es precisamente la grandeza de su amor.

    La desproporción pone ante una profunda revelación de la identidad divina: Yhwh, el Señor, Dios de misericordia. Pareciera que en Nm 14 se obviara la conciencia de la responsabilidad personal, o al menos fuera proclive a una cierta imputación de culpas ajenas a los inocentes, las de los padres a los hijos, nietos y hasta los bisnietos.

    Se debe afirmar que la responsabilidad personal no está desarrollada en estos versículos. Sin embargo, en las dos versiones de la sentencia divina, las dos voces que se describen coordinadas, a saber, en Nm 14,22-24 (probablemente texto deuteronomista) y Nm 14,29-32 (probablemente texto sacerdotal) no se decreta la punición de los hijos por el pecado de los padres, sino que se acentúa que los castigados son responsables de sus actos; incluso Dios les ha tolerado ya diez veces sus estúpidas pruebas (Nm 14,22) 41.

    Además, los inocentes quedan libres de todo castigo: Josué, Caleb y los privados de uso de razón. En conclusión, la punición de los padres en los hijos en Nm 14,18-19 (y también en Ex 20,5-6; 34,7-8) es una expresión simbólica que enfatiza la desproporción entre la misericordia y la justicia del corazón de Dios.

    • En efecto, esta desproporción es el horizonte de sentido principal, en el cual se debe interpretar el castigo que comporta la peregrinación de Israel por el desierto;
    • Notas 1  Para un detallado status quaestionis del estudio de Nm 13-14 y del Libro de los Números en general resulta muy últil su explicación razonada en M;

    Olickal, Rebellion in the Wilderness and Rejaection of the Land. An Exegetical Study of Numbers 13-14 (Jerusalem: SBF, 2012), 8-47. [ Links ] Pasa revista a las distintas corrientes y aproximaciones al pasaje con la consideración bastante nutrida de los principales autores y obras.

    2  Seguimos la interpretación general del libro de J. -L. Ska, «Estructura del libro de los Números», en Introducción a la lectura del Pentateuco. Claves para la interpretación de los cinco primeros libros de la Biblia, Íbid.

    (Estella: Verbo Divino, 2001), 59-63. [ Links ] Cf. otras propuestas complementarias como, por ejemplo, D. Olson, Numbers. Interpretation. A Bible Commentary for Teaching and Preaching (Louisville: John Knox Press, 1996), 1-8 ó         [ Links ] F. Varo, Números (Bilbao: Desclée de Brouwer, 2008), 113.

    • [ Links ] Este último califica a Nm 13-14 como comienzo de las murmuraciones de todo el pueblo después de rebeliones propuestas por grupos marginales (Nm 11) y de los cercanos a Moisés (Nm 12);

    3 Para la estructura del libro seguimos a Knierim en la presentación que hace Ska, Introducción, 59-63. Otras estructuraciones complementarias: Olson, Numbers, 3-7 plantea una estructura bipartita en base a los dos censos contenidos en el libro: Nm 1, que reporta la generación del éxodo y de la alianza del Sinaí, la misma que será punida por su desprecio del Señor; y Nm 26, que da cuenta de la generación siguiente, los que entrarán en la tierra prometida.

    • Nm 13-14, siempre según Olson, conecta ambos censos;
    • En efecto, en 14,29 se afirma que morirán “todos los registrados en el censo, de todos los que tienen más de veinte años”; refiere al primer censo explícitamente y se usa la expresión “los que tienen más de veinte años”, la cual se utiliza repetidas veces en Nm 1: vv;

    18. 20. 22. 24. 26. La conexión de Nm 13-14 y el segundo censo es aún más explícita porque en la conclusión de este se alude directamente a Nm 14,6. 29-30 (y, además, se vincula expresamente con el primer censo): “Estas son las personas registradas por Moisés y el sacerdote Eleazar, cuando hicieron el censo de los israelitas en las estepas de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

    • Entre estos no figuró ninguno de los que Moisés y el sacerdote Aarón habían registrado en el desierto del Sinaí;
    • Porque el Señor había dicho acerca de ellos: «Morirán en el desierto»;
    • Ninguno de ellos sobrevivió, excepto Caleb, hijo de Iefuné, y Josué, hijo de Nun” (Nm 26,63-65);

    Cf. también en Olson, Numbers, 86-87. 4 Ska, Introducción, 61-62 afirma que “por primera vez el texto dice que Israel «ha conquistado un territorio» y que se «ha establecido». Estos verbos aparecen en Nm 21,21-26, espec. 21,25. 31. El verbo clave está en Nm 21,24: yrs («conquistar»): «Israel lo venció [a Sijón] a filo de espada y conquistó su territorio (wayyiras) desde el Arnón hasta el Yaboc.

    A partir de este momento, la narración está orientada hacia la conquista. Así, Nm 32 contiene las instrucciones para el reparto de los territorios de Transjordania y Nm 34 los de Cisjordanía. Nm 21,10-20 hace de transición entre estas dos etapas de la marcha por el desierto.

    Y los oráculos de Balaán (Nm 22-24) ocupan un puesto clave en esta estructura, al inicio de la conquista. En estos capítulos queda demostrado de diversos modos que nadie podrá oponerse al plan divino” [se ha sintetizado levemente la cita]. 5 Varo, Números, 113 hace referencias precisas respecto a las variantes del texto en el Pentateuco Samaritano, varios manuscritos griegos minúsculos y la Hexapla siríaca en los cuales se añade al inicio de Nm 13 un texto muy cercano a Dt 1,20-23, mostrando un intento de armonizar las diferencias entre los relatos de Nm y Dt.

    6 La aprobación por parte de Moisés de la propuesta de expedición al país, a iniciativa de los israelitas, será también la razón por qué se le privará de entrar en la tierra prometida (cf. Dt 1,37; 3,26; 34,4).

    7 Algunos intérpretes recientes se esfuerzan en señalar que o no hay contradicciones ni duplicados, o si los hay no son significativos para la lectura del relato en su forma actual, de modo que no prestan mayor atención a la diacronía del texto. Olickal, Rebellion, 34-40 señala los estudios de Gordon J.

    1. Wenham (1981, 1997), Jacob Milgrom (1990), Timothy R;
    2. Ashley (1993), David Olson (1996) y David Volgger (2010); a los cuales se pueden sumar otros que, aunque dan mayor cabida a la investigación histórico-crítica, la combinan significativamente con el análisis sincrónico: Jules de Vaulx (1972) y Michael Widmer (2004);

    En este mismo sentido debe considerarse el completo estudio de B. Levine, Numbers 1-20. A New Translation with Introduction and Commentary (Doubleday: The Anchor Yale Bible, 1993), 345-381, especialmente 347-349. 8 Cf. el estudio comparativo contenido de H. Curzer, «Spies and Lies: Faithful, Courageous Israelites and Truthful Spies», JSOT 35 n.

    • ° 2 (2010);
    • [ Links ] También cf;
    • la breve comparación sinóptica en V;
    • Sénechal, «Quel horizon d’écriture pour Nb 14,11-25», en The Books of Leviticus and Number, ed;
    • Por Th;
    • Römer (Leuven: Uitgeverij Peeters, 2008), 610-612;

    [ Links ] 9  Se corresponde bastante con el ya clásico estudio de K. Sakenfeld, «The Problem of Divine Forgiveness in Numbers 14», CBQ 37 n. ° 3 (1975): especialmente en 320 distingue: a) Antigua tradició         [ Links ] n épica (Nm 14,1b. 11a. 23b-25), que asigna a JE según la división de fuentes de la Hipótesis Documental Clásica; b) Intercesión de Moisés (Nm 14,11b-23a), que correspondería a una tradición pre-P, que fue incorporada como suplemento en la antigua tradición épica; c) Edición final perteneciente a un autor o editor P que da un marco más amplio a las tradiciones más antiguas.

    10  Esta delimitación es sostenida por varios importantes exégetas del período final de la hegemonía de la Hipótesis Documental Clásica: M. Noth, Das vierte Buch Mose: Numeri (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1966), 117;         [ Links ] G.

    Coats, Rebellion on the Wilderness: The Murmuring Motif in the Wilderness Traditions of the Old Testament (Nashville: Abingdon Press, 1968), 138-140;         [ Links ] S. McEvenue, The Narrative Style of the Priestly Writer (Rome: Biblical Institute Press, 1971), 97.

    [ Links ] También, en los estudios más recientes de O. Artus, Études sur livre des Nombres. Récit, Histoire et Loi Nb 13,1-20,13 (Fribourg-Göttingen: Éditions Universitaires- Vandenhoeck & Ruprecht, 1966), 137.

    145 y Sénechal, «Horizon», 612-614. Seguimos a Ska, Introducción, 133-134, que estima que se trata de un añadido redaccional posterior a los pasajes más antiguos de Nm 13-14 por las siguientes razones: a) teología y estilo diferente respecto de aquellos pasajes y otros relatos de permanencia en el desierto.

    Es evidente su cercanía con Ex 32,7-14 y algunos textos deuteronómicos. En nota el autor pone de manifiesto los principales paralelos con aguda precisión; b) el verbo “despreciar” aparece en Nm 14,11a y 14,23b, pero no en Nm 14,11b-23a, de modo que se puede leer, aunque no con completa fluidez, un continuo sobre el que se añadió un texto “denso” en contenido teológico.

    Esta misma asignación la sostiene E. Blum, Studien zur Komposition des Pentateuch (Berlin-New York: Walter de Gruyter, 1990), 133-134 (aunque delimita el texto Nm 14,11-25). Cf. también: Ph. Budd, Numbers (Wako: Nelson Reference & Electronic, 1984), 152-153. 162 refiere el texto a la literatura deuteronomista; E.

    Davies, Numbers (London: Marshal Pickering, 1995), 142-145 hace lo mismo. Sakenfeld, «Forgiveness», 323-328 considera este texto un suplemento pre-P inserido en el antiguo relato épico de Nm 14,1b. 11a. 23b-25 (que atribuye a JE), siguiendo los análisis de la Hipótesis Documental Clásica, aunque solo levemente lo conecta con la literatura deuteronomista.

    Sobre todo, analiza el texto en comparación con Ex 34,6-9. Sénechal, «Horizon», 614-628 estudia las relaciones de dependencia entre Ex 32,7-14; Dt 9,12-14. 26-29 y Nm 14,11-25, todos relatos que contienen intercesiones de Moisés a favor del pueblo, concluyendo que Nm 14,11b-23a es más reciente que el resto, más que probablemente sea postdeuteronomista y postsacerdotal, inserido en ese lugar precisamente para conectar el pecado del Sinaí/Horeb con el pecado de Cades, como queda implícito en la referencias de Nm 14,17 a Ex 34,6-9.

    1. En un estudio más reciente M;
    2. Konkel, Exodus 32-34 and Quest for an Enneateuch (Leiden: Brill, 2012), 183-184 tambié         [ Links ] n relaciona Nm 14:17-20 con Ex 34, 8-9;
    3. 11  En Nm 13,29 se dan referencias concretas de los nombres de los pueblos que habitan la tierra prometida, que se vuelven a citar resumidamente en Nm 14,25a;

    12  Para un consideración detenida del estilo y vocabulario, cf. Mc Evenue, Narrative Style, 103-117, especialmente 103-105. [ Links ] 13  Cf. Ex 17,1-17; Nm 20,1-5; 21,4-6; Dt 9,7. 22-24: Sl 78,19-42; 95,8-11; 106,13-29, etc. 14  Cf. Wenham, Numbers. An Introduction & Commentary (Leicester: Inter-Varsity, 1981), 120-121.

    [ Links ] Cf. Sakenfeld, « Forgiveness», 321; Levine, Numbers, 377 habla de un “anti-Éxodo”; cf. también S. Boorer, «The Place of Numbers 1314* and Numbers 20:2-12* in the Priestly Narrative (Pg)», JBL 131 n.

    ° 1 (2012): 56-57. 15  Siguiendo la reflexión de G. Auzou, De la servitude au service. Étude du livre de l’Exode, 3 a. ed. (Paris: Éditions de l’Orante, 1968). [ Links ] Wenham, Numbers, 123 subraya que se trata de un rasgo irónico del relato, pues a través de la punición, al menos en parte, Dios da curso al propósito de los rebeldes de no entrar en la tierra que desprecian temiendo la fuerza de sus moradores.

    1. 16  Llama la atención que en los vv;
    2. 6 y 38 el orden de nominación sea Josué y Caleb, mientras que el inverso en el v;
    3. 30;
    4. 17  Es interesante reparar que en este versículo se los nombra de orden inverso que como se hace en el v;

    30. 18  Cf. Ska, Introducción, 237-242 trata la “ley de la economía” de la literatura israelita antigua: con referencias históricas precisas muestra los altos costos y las dificultades de la escribanía del Israel antiguo, con interesantes parangones con la misma función social en otras culturas del Medio Oriente Antiguo y Grecia.

    19  Cf. Ska, Introducción, 231-233. 20  No pocos autores señalan que Nm 13-14 tiene a su base una tradición calebita, que sería un relato antiquísimo de la conquista de la región de Hebrón. Se conectaría con otros relatos relacionados con Caleb, de los cuales hay vestigios en otros lugares bíblicos (cf.

    Nm 32,12; Jos 14,6). Esta tradición habría sido reelaborada e incorporada al sistema de las 12 tribus, haciendo de Caleb el espía de la tribu de Judá (Nm 13,6). Cf. Budd, Numbers, 143-144, con referencias bibliográficas. 21  Sakenfeld, «Forgiveness», 330 concluye que el suplemento pre-P (vv.

    11b-23a), supone una alianza condicionada, bilateral. En efecto, para textos no P del Pentateuco, sobre todo de cuño deuteronomista, la alianza es preferentemente condicionada, por ejemplo, Dt 4,39-40; 30,15-20.

    Cf. Konkel, Exodus 32-34, 183-184. 22  Se reportarán a continuación los principales elementos señalados por Ska, Introducción, 134, n. 40. 23  Olson, Numbers, 83-84 nota, eso sí, que hay una progresión de uno a otro relato: mientras que en Ex 32,12 se refiere a la reputación del Señor entre los egipcios; en Nm 14,13-16, no solo entre ellos, sino también entre los cananeos.

    • En Ex 32,13 alude a las promesas hechas a los ancestros del Génesis; en Nm 14,18, a las recientes promesas del Señor hechas a Moisés que encontramos en Ex 34,69;
    • Estas observaciones son congruentes con el hecho evidente que Nm 14,17-19 remite directamente a la sentencia con la cual el Señor resuelve la crisis del becerro de oro;

    Ashley, The book of Numbers (Grand Rapids: William Eedermans Publishing Company, 1993), 255 destaca también que en los vv. 13-19 se repiten los argumentos de Ex 32,11-14: la reputación del Señor entre las naciones si destruye a su pueblo (vv. 13-16) y su mostración como un Dios misericordioso (vv.

    17-19). Cf. Petterson, «The Flying Scroll That Will Not Acquit the Guilty: Exodus 34,7 in Zechariah 5,3», JSOT 38 n. ° 2 (2014). 24  Para un análisis detallado de la atribución a P de gran parte de esta sección, sobre todo desde el punto de vista del estilo, cf.

    McEvenue, Narative Style, 112-117. También cf. Sakenfeld, «Forgiveness», 328-330 y Boorer, «Place», 54-58. 25  En esta parte de la sentencia se percibe con claridad que el perdón concedido por el Señor consiste en la preservación del pueblo por una decisión libre de Dios.

    1. Esto supone una concepción de la alianza más bien de corte bilateral y condicionada;
    2. Sin embargo, Sakenfeld, «Forgiveness», 330 señala que esta concepción de la alianza pertenece al nivel pre-P, en el cual estaría incorporada la intercesión mosaica (vv;

    11b-23a). Señala, precisamente que en este contexto el perdón divino se entiende como la preservación del pueblo que Dios hace, no aplicando las disposiciones del pacto bilateral (cf. Nm 14,12). En definitiva en base a su automanifestación que le es recordada por Moisés (cf.

    Nm 14,17-19 referido a Ex 34,6-7). 26  Mc Evenue, Narative Style, 91,         [ Links ] remitiéndose a los ejemplos contenidos en H. Holzinger, Einleitung in den Hexateuch (Freiburg: J. Mohr, 1893), 350-352.

    [ Links ] 27   Diccionario bíblico Hebreo-Español, 1. a ed. , s. « m´s ». 28  En la sentencia antigua antecedente, Nm 14,11a. 23b-24(25), en cambio el verbo con que se designa la falta de los israelitas es n´c , “desdeñar” en el v. 11a y en el v. 23b. Ambos verbos son distintos, aunque con sentidos fuertemente sinonímicos.

    Cf. Diccionario bíblico Hebreo-Español, 1. a ed. , s. « n´c ». 29  Wenham, Numbers, 120 señala que en las antiguas leyes de Oriente los que emitían falsas acusaciones recibían la pena que hubieran recibido injustamente los acusados (cf.

    Dt 19,16-19). Ashley, Numbers, 230-231 destaca que el castigo proviene de la boca de los punidos (“out of their own mouths”), algo así como el popular adagio en español: “por donde pecas, pagas”). 30  Varo, Números, 118 puntualiza que la rebelión “es sobre todo un rechazo de Dios”.

    31  Seguimos muy de cerca la reflexión de Ska, Introducción, 209-216. 32  Íbid. , 213; cf. Olson, Numbers, 86-87. 33  Cf. Boorer, «Place», 56-57. 34  La comparación entre Ex 20,5-6; 34,7-6 y Nm 14,17-19, resulta muy diáfana en Sakenfeld, «Forgiveness», 319.

    323-328; también en Olson, Numbers, 82-84; Ashley, Numbers, 258-259; Levine, Numbers, 379-381. 35  Se trata de una especie de fórmula o confesión de fe que está en las tres partes de la Biblia Hebrea. Se repite, aunque con algunas variaciones y no siempre con todos los términos aludidos.

    1. Cf;
    2. , por ejemplo, en la Ley: Ex 20,6; 34;
    3. 6-7; Nm 14,18; Dt 4,31; 5,10; 7,9-10; en los Profetas: Jr 32,18; Jl 2,13; Jon 4,2 y Na 1,3; y en los otros escritos: Sl 86,15; 103,8; 116,5; 145,8-9; Ne 9,17b;
    4. 31;
    5. 36  En este párrafo se retoma con alguna modificación los argumentos tratados en A;

    Ferrada, “Nota de interpretación: YHWH, el Señor, Dios de Misericordia”, en S. Fernández, J. Noemi y R. Polanco, eds. , Multifariam, Suplementos a Teología y Vida (Santiago: Anales de la Facultad de Teología 1, 2010), 86. [ Links ] 37  En Ex 34,7 se incluye, además de los dos términos mencionados, Há†ä´â otra designación bastante común de pecado o ruptura e infidelidad a la alianza.

    En Ex 20,5b-6 solo se usa `äwön. Para la revisión de la terminología del pecado en el Antiguo Testamento, cf. Meis, Antropología Teológica. Acercamiento a la paradoja del hombre, 3. a ed. (Ediciones Universidad Católica de Chile: Santiago, 2013), 136-137.

    38  Sakenfeld, «Forgiveness», 324 señala que esta expresión se usa restrictivamente solo referida a Yhwh. 39  En Ex 34,6-7 se incluyen otros más: raHûm de raHámîm , entrañas maternas y, por lo mismo, connota un amor entrañable, tierno, como el de una madre por su hijo (cf.

    Os 2,21); Hannûn de Hën , es decir, clemente, en relación con la actitud del poderoso que se inclina sobre el pequeño y, por lo tanto, denota clemencia y benignidad (cf. Ex 33,12-17; Sl 86,15; 103,8); ´émet (a la raíz de amén), es decir, fiel, designando la fidelidad del Señor consigo mismo, con sus promesas y, por tanto, cierto y seguro (cf.

    Jos 2,14; 2Sam 2,6). Hasta cierto punto esta multiplicidad se puede atribuir al carácter concreto de la mentalidad judía, de modo que cada uno de los términos usados designa un aspecto de la bondad divina. Para una revisión de los términos que indican gracia divina en el Antiguo Testamento, cf.

    Meis, Antropología Teológica, 134-136. Se ha retomado con alguna modificación Ferrada, “YHWH, el Señor”, 89. 40 No pocas traducciones del pasaje vierten lä´áläpîm en “por millares”, el sentido literal de la palabra; otras interpretan la palabra en relación a la paradoja que expresa el contexto: “por mil generaciones” en contraste con “tercera y cuarta generación”.

    Por eso, la expresión también puede verterse en el adverbio “eternamente”. 41 Cf. Varo , Números, 122..

    ¿Cuál fue el pecado de Moisés para no entrar a la tierra prometida?

    a) haber ‘golpeado’ la roca con la vara, cuando Dios le había dicho que tenía que ‘hablar’ a la roca. (Pero si sólo debía hablarle, ¿ para qué Dios le dijo que llevara la vara?) b) haber golpeado la roca dos veces, en vez de una.

    ¿Qué significan los 40 años en la Biblia?

    Según San Lucas, Jesús acaba su paso por la tierra a los cuarenta días de su Resurrección, significando la consumación de su trabajo de redención y entrada en el cielo.

    ¿Quién vio el rostro de Dios?

    Solía tener la misma consideración hacia el Antiguo Testamento que hacia un libro de cuentos de hadas: relatos interesantes que no se relacionaban para nada con mi vida, pues, separados de mí por miles de años de historia, eran de lo más alejado de la realidad.

    Sin embargo, a mi maestro de seminario le encantaba el Antiguo Testamento, y su entusiasmo y su humilde testimonio empezaron a inspirar en mí una mayor reverencia por esas Escrituras. Una noche, mientras me hallaba estudiando, me topé con este versículo: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero” (Éxodo 33:11).

    Leí las palabras y al principio no me llamaron la atención. El Señor hablaba con Moisés; ¡pues claro que lo hacía! Parecía del todo natural que el Señor se le apareciera en persona a uno de Sus profetas. Así que oré y empecé verdaderamente a pensar en aquel pasaje.

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    Sabía que mi Padre Celestial no se me iba a aparecer esa noche, pero quizás podía intentar hablar con Él “como habla cualquiera a su compañero”. En ese momento me sentí rodeada por Su amor. Al orar, repetí con mis propias palabras lo que había leído: “Moisés habló contigo cara a cara, como un amigo”.

    Me detuve; lo repetí una y otra vez. De repente lo entendí; era tan profundo, pero a la vez tan sencillo. Moisés vio a Dios cara a cara. De inmediato la época del Antiguo Testamento no estaba tan distante y me di cuenta de que Moisés había sido una persona mortal, igual que yo.

    Las Escrituras cobraron vida en mi mente; sabía que Moisés realmente había vivido y respirado y que también había experimentado dificultades y luchado con la falta de confianza. Y a pesar de ello, habló con el Mesías, el Jehová de Israel, su Señor y Redentor —mi Señor y Redentor— de la misma forma que yo hablaba con mi propio padre terrenal.

    “Padre Celestial”, volví a orar, “¡deseo regresar a Ti más que ninguna otra cosa!”. Terminé mi oración y me metí en la cama percibiendo Su amor de forma tan palpable como jamás lo había sentido en mi vida. Kristie Masumi King es miembro del Barrio BYU 162, Estaca Universidad Brigham Young 19..

    ¿Quién era Moisés antes de ser llamado por Dios?

    LÍDER DEL DESIERTO – Como líder, Moisés se enfrentó a muchas pruebas en el desierto. Los israelitas podrían ser ingobernables y desagradecidos. Ellos se quejaban mucho pese a que Dios demostró una y otra vez que proveería a sus necesidades. Los israelitas necesitaban instrucciones claras y efectivas.

    Después de una victoria militar sobre los amalecitas, ellos acamparon en la base del Monte Sinaí, donde Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos, escritos con su propio dedo sobre dos tablas de piedra.

    Mientras Moisés estaba lejos, en cima de la montaña, los israelitas hicieron una estatua de un becerro de oro para adorarla. Cuando regresó al campamento y vio la conducta idólatra de los israelitas, Moisés enfureció y arrojó las tablas de piedra con los Diez Mandamientos al suelo.

    Moisés subió la montaña una vez más para suplicarle a Dios que perdonara a los israelitas. Siguiendo las instrucciones de Dios, Moisés talló dos tablas para reemplazar las rotas. Moisés permaneció en la montaña ayunando, orando y conversando con Dios durante cuarenta días.

    Cuando Moisés finalmente regresó por la ladera de la montaña, la gente se aterró porque su rostro resplandecía con la luz de la gloria de Dios. Moisés fue un gran líder que murió mientras guiaba al pueblo a la tierra prometida, Canaán. Aún hoy, los judíos le dan a este héroe bíblico el título de Legislador de Israel.

    ¿Quién fue el único que hablo con Dios?

    ALGUNOS PRINCIPIOS, DOCTRINASY ACONTECIMIENTOS IMPORTANTES –

    • • Moisés vio a Dios cara a cara en una montaña que se desconoce después de haber hablado con el Señor en la zarza que ardía y antes de ir a liberar a los hijos de Israel de Egipto (véase Moisés 1:1–2, 17, 25–26, 42; véase también Éxodo 3:1–10).
    • • Nadie puede soportar la presencia de Dios a menos que lo cubra la gloria de Dios (véase Moisés 1:2, 11; véase también D. 67:11; 84:21–22).
    • • Moisés es un hijo de Dios y era a “semejanza” de Jesucristo (Moisés 1:4, 6–7; véase también D. y C. 25:1). En su llamamiento y ministerio, Moisés también era un “símbolo” o una semejanza de Jesucristo (véase Moisés 1:25–26; véase también Deuteronomio 18:15; 3 Nefi 20:23; compárese también Éxodo 2:1–10 y Mateo 2:11–23).
    • • Todas las creencias, objetos o personas que la gente considera que son más importantes en su vida que Dios son dioses falsos (véase Moisés 1:6; véase también Éxodo 20:1–6; Romanos 1:25; D. y C. 93:19).
    • • Dios sabe todas las cosas (véase Moisés 1:6; véase también 2 Nefi 9:20; Jacob 2:5; D. y C. 38:2).
    • • El hombre y sus obras no pueden compararse con la majestuosidad y la grandeza de Dios (véase Moisés 1:9–10; véase también Mosíah 2:23–25; Helamán 12:7–8).

    ¿Quién vivio 120 años en la Biblia?

    El Génesis cuenta que el abuelo de Noé fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento. De ahí el dicho «Ser más viejo que Matusalén» – 15/09/2014 Actualizado 11/11/2014 a las 09:07h. Cuenta el libro del Génesis que Matusalén vivió nada menos que 969 años antes de morir, superando en 604 días la edad de su padre Enoc, todo un récord con el que se ha ganado merecidamente su lugar en el dicho de «más viejo que Matusalén».

    El abuelo de Noé fue el octavo patriarca antediluviano, es decir anterior al Diluvio universal, según el pasaje 5:21-27 del Génesis : «Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

    Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

    Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió». Matusalén fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento, aunque Noé llegó a vivir 950 años, según el mismo capítulo del Génesis y Adán hasta 930.

    Antes del Diluvio universal , las edades superaban los centenares de años, según el texto bíblico. Del fin de esta longevidad, algunos encuentran explicación en la cólera de Dios que se materializó en el Diluvio y que alcanzó la edad de los hombres: «Que sus días sean ciento veinte años».

    • Hay quien ha atribuido el recuento bíblico de los años a una confusión entre los ciclos lunares con los solares, por lo que la edad real del patriarca bíblico sería de unos 72 años, admirable en todo caso en unos tiempos con una esperanza de vida mucho menor;

    Pero en el Génesis no parece haber confusión entre meses y años: «Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero.

    ¿Dónde está la tierra prometida en la actualidad?

    (21-3) Josué 1:4. La tierra prometida – La Palestina bíblica es, según se considera corrientemente, la región que está al sur y al sudoeste de las montañas del Líbano, al norte y oriente de Egipto, al este de las llanuras costeras del Mediterráneo y al oeste del desierto de Arabia.

    En superficie Palestina apenas tiene 240 kilómetros desde Dan a Beerseba y su zona más ancha es de 121 kilómetros. El Señor le prometió a Josué que la extensión original de la tierra prometida a Abraham sería dada a Israel (véase Génesis 15:18; Josué 1:4).

    Aunque los israelitas que fueron a la tierra prometida con Josué generalmente fueron fieles y obedientes, como nación Israel pronto volvió a sus viejas costumbres y perdió las bendiciones que le fueron prometidas con relación a la obtención de toda aquella tierra.

    ¿Qué hizo Moisés a los 40 años en relación con sus hermanos?

    (9-7) Exodo 2:10. ¿Qué capacitación y educación recibió Moisés en Egipto durante su juventud? – En el Nuevo Testamento encontramos un largo discurso de Esteban en cuanto a las relaciones del Señor con la casa de Israel. Concerniente a la juventud de Moisés, Esteban relató lo siguiente: “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras”.

    (Hechos 7:22. ) Josefo, el historiador judío, dijo que Moisés era un príncipe de muy buena apariencia y muy educado, y un guerrero poderoso en la causa de los egipcios (Vease Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos , libro 2, cap.

    9, párr. 7; cap. 10, párrs. 1-2. ) En su condición de príncipe, Moisés pudo haber tenido acceso a las bibliotecas reales de los egipcios, así como a la historia escrita de los israelitas que le enseñó su madre. Es posible que haya leído las profecías de José y que haya sido guiado por el Espíritu para entender su llamamiento divino de liberar a sus hermanos, los israelitas.

    • El discurso de Esteban implica que Moisés entendía esta responsabilidad: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos’ de Israel…Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así”;

    (Hechos 7:23, 25. ) Pablo, en Hebreos, amplió el mismo concepto: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón…teniendo por mayores rique zas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios…” (Hebreos 11:24, 26. ) La madre de Moisés, Jocabed, probablemente le enseñó los principios y las tradiciones de los hebreos cuando le sirvió de nodriza (véase Exodo 2:7-9).

    ¿Qué significa 40 años en el desierto?

    ‘El 40 es simbólico, en general significa ‘cambio’, por ejemplo Jesús en el desierto se preparaba para un cambio de su vida privada a la pública. Los 40 años de Israel en los desiertos, un pueblo que se preparó para la libertad. Así se puede encontrar en diferentes casos en la Biblia con este significado ‘, compartió.

    ¿Cuál era la distancia de Egipto a la tierra Prometida?

    La ruta más corta entre Israel y Egipto es de 1. 247,73 km según el planificador de ruta. La duración del trayecto es de aproximadamente 15h 35min.

    ¿Qué quiere Dios al permitir la prueba del desierto?

    La prueba del desierto. Poned en práctica todos los mandamientos que yo os prescribo hoy para que viváis, os multipliquéis y lleguéis a tomar posesión de la tierra que Yahvé prometió bajo juramento a vuestros padres. Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. Te humilló, te hizo pasar hambre, y después te alimentó con el maná que ni tú ni tus padres habíais conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

    No se gastó el vestido que llevabas ni se hincharon tus pies a lo largo de esos cuarenta años. Date cuenta, pues, de que Yahvé tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo, y guarda los mandamientos de Yahvé tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole.

    Las tentaciones de la Tierra Prometida. Ahora Yahvé tu Dios te introduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas, tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel, tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce. Comerás hasta hartarte, y bendecirás a Yahvé tu Dios en esa tierra buena que te ha dado. Guárdate de olvidar a Yahvé tu Dios descuidando los mandamientos, normas y preceptos que yo te prescribo hoy; no sea que cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en ellas, cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes, tu corazón se engría y olvides a Yahvé tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre; que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones, un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura; que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para al final hacerte feliz. No digas en tu corazón: « Con mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta riqueza», sino acuérdate de Yahvé tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la riqueza, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy.

    1. Pero si llegas a olvidarte de Yahvé tu Dios, si sigues a otros dioses, si les das culto y te postras ante ellos, yo certifico hoy contra vosotros que pereceréis;
    2. Lo mismo que las naciones que Yahvé va destruyendo a vuestra llegada, así pereceréis también vosotros por haber desoído la voz de Yahvé vuestro Dios;

    La victoria se debe a Yahvé, no a los méritos de Israel. Escucha, Israel. Hoy vas a pasar ya el Jordán para ir a desalojar a naciones más grandes y fuertes que tú, ciudades grandes, de murallas que llegan hasta el cielo, un pueblo grande y de elevada estatura, los anaquitas, a quienes tú conoces y de quienes has oído decir: «¿Quién puede hacer frente a los hijos de Anaq?»  Pero has de saber hoy que Yahvé tu Dios es quien va a pasar delante de ti como un fuego devorador que los destruirá y te los someterá, para que los desalojes y los destruyas rápidamente, como te ha prometido Yahvé. No digas en tu corazón cuando Yahvé tu Dios los arroje de delante de ti: «Por mis méritos me ha hecho Yahvé entrar en posesión de esta tierra», siendo así que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahvé ante ti. No por tus méritos ni por la rectitud de tu corazón vas a tomar posesión de su tierra, sino que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahvé tu Dios ante ti; y también por cumplir la palabra que juró a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob. Acuérdate, no olvides que irritaste a Yahvé tu Dios en el desierto,  desde el día en que saliste del país de Egipto hasta vuestra llegada a este lugar, habéis sido rebeldes a Yahvé. También en el Horeb irritasteis a Yahvé, y Yahvé montó en tal cólera contra vosotros como para destruiros. Yo había subido al monte a recoger las tablas de piedra, las tablas de la alianza que Yahvé había concluido con vosotros. Permanecí en el monte cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua.

    Has de saber, pues, que no es por tu justicia por lo que Yahveh tu Dios te da en posesión esa tierra buena, ya que eres un pueblo de dura cerviz. Pecado de Israel en el Horeb e intercesión de Moisés. Yahvé me dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios, en las que estaban todas las palabras que Yahvé os había dicho en la montaña,  de en medio del fuego, el día de la Asamblea.

    Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, después de darme las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, me dijo Yahvé: «Levántate, baja de aquí a toda prisa, porque tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto, se ha pervertido. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito: se han hecho un ídolo de fundición. » Continuó Yahvé y me dijo: «He visto a este pueblo: es un pueblo de dura cerviz. Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y que haga de ti una nación más fuerte y numerosa que ésta. » Yo me volví y bajé del monte, que ardía en llamas, llevando en mis manos las dos tablas de la alianza.

    1. Y vi que vosotros habíais pecado contre Yahvé vuestro Dios;
    2. Os habíais hecho un becerro de fundición: bien pronto os habíais apartado del camino que Yahvé os tenía prescrito;
    3. Tomé entonces las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos a vuestros propios ojos;

    Luego me postré ante Yahvé; como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, por todo el pecado que habíais cometido haciendo el mal a los ojos de Yahvé hasta irritarle. Porque tenía mucho miedo de la ira y del furor que irritaba a Yahvé contra vosotros hasta querer destruiros. Y una vez más me escuchó Yahvé. También contra Aarón estaba Yahvé violentamente irritado hasta querer destruirle. Yo intercedí también entonces en favor de Aarón. Y vuestro pecado, el becerro que os habíais hecho, lo tomé y lo quemé; lo hice pedazos, lo pasé a la muela hasta que quedó reducido a polvo, y tiré el polvo al torrente que baja de la montaña.

    Otros pecados. Oración de Moisés. Y en Taberá, y en Masá, y en Quibrot Hatavá, irritasteis a Yahvé. Y cuando Yahvé os hizo salir de Cadés Barnea diciendo: «Subid a tomar posesión de la tierra que yo os he dado», os rebelasteis contra la orden de Yahvé vuestro Dios, no creísteis en él ni eschuchasteis su voz.

    Habéis sido rebeldes a Yahvé vuestro Dios desde el día en que os conoció. Me postré, pues, ante Yahvé y estuve postrado estos cuarenta días y cuarenta noches, porque Yahvé había hablado de destruiros. Supliqué a Yahvé y dije: «Señor Yahvé, no destruyas a tu pueblo, tu heredad, que tú rescataste con tu grandeza y que sacaste de Egipto con mano fuerte. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob, y no tomes en cuenta la indocilidad de este pueblo, ni su maldad ni su pecado, para que no se diga en el país de donde nos sacaste: «Porque Yahvé no ha podido llevarlos a la tierra que les había prometido, y por el odio que les tiene, los ha sacado para hacerlos morir en el desierto.

    ¿Quién era el rey de Egipto en la epoca de Moisés?

    La teoría de Babilonia – Es en el recuerdo donde las últimas investigaciones buscan a Moisés y a “Faraón”. Muchos especialistas han vuelto sus miradas hacia los autores del Éxodo bíblico y los motivos de su redacción, proponiendo una interpretación diferente.

    La compilación y redacción del texto debió de producirse lentamente, entre los siglos VII y VI a. , con fines esencialmente ideológicos. Con él se buscaba justificar la situación política que el estado de Israel vivía en esos momentos: su conquista por  el imperio babilónico  de Nabucodonosor el Grande (605-562 a.

    ) y la deportación de un gran número de israelitas a la ciudad de Babilonia. Su regreso a Palestina se producirá de forma paulatina medio siglo más tarde. Según esta interpretación, Moisés formaría parte de la leyenda, que, como cualquier otra, tiene un fondo de verdad.

    • Para la construcción del relato, los israelitas habrían tomado prestado lo ocurrido a los hicsos en Egipto siglos antes y que la arqueología egipcia corrobora ampliamente;
    • Este episodio parece que no se olvidó en la memoria de las poblaciones de Siria-Palestina, y se creó una tradición;

    Los hebreos habrían hecho su propia lectura y la habrían adaptado a sus necesidades. La historia de Moisés se transformó entonces en el mito que legitimaba el derecho a establecerse a los hebreos que regresaban a Canaán. Utilizaron para ello la idea de un éxodo, tema que aparece recurrentemente en la literatura hebrea con motivo de antiguas deportaciones. Moisés pisa la corona del faraón. Dominio público Para el escenario del relato bíblico los autores probablemente mezclaron el Egipto de su época con el recuerdo de estancias anteriores como fruto de migraciones reales. Esto explicaría algunas de las contradicciones del texto, como la presencia de topónimos de tiempos de Ramsés II con otros de fases más tardías.

    En la ambientación, con toques sobrenaturales y mágicos, se pueden identificar guiños a temas bien conocidos de la literatura egipcia. En definitiva, la figura de “Faraón” encarnaría, de una manera simbólica, el poder imperialista asirio-babilónico que subyugaba a los judíos.

    El debate sigue abierto. Hoy por hoy no es posible comprobar la veracidad del relato bíblico , pero en todo caso Moisés y el Éxodo se ganaron su espacio en la historia. Ambos se convirtieron en símbolos esenciales de identidad nacional para los israelitas basándose en la idea del viaje, que tanto ha caracterizado a este pueblo.

    1. La celebración de este “paso” (significado de éxodo) se rememora cada año en la fiesta de la Pascua judía;
    2. Este artículo se publicó en el número 483 de la revista Historia y Vida;
    3. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida;

    com. Lee también.

    ¿Qué edad tenía Jose cuándo fue gobernador de Egipto?

    (8-12) Génesis 41:1. ¿Cuánto tiempo estuvo José en la prisión? – José estuvo en prisión durante dos años después de haber interpretado los sueños del copero y del panadero (véase Génesis 41:1). Había sido vendido como esclavo a los diecisiete años (véase Génesis 37:2) y tenía treinta años cuando llegó a ser gobernador de Egipto (véase Génesis 41:46).

    Contando el tiempo que sirvió a Potifar y el tiempo que estuvo en la cárcel, permaneció cautivo trece años. La historia no nos aclara cuánto tiempo sirvió a Potifar antes de ser encarcelado, pero el hecho de que había llegado a ser mayordomo de la prisión implica que pasó cierto tiempo antes que el copero y panadero llegaran a reunirse con él.

    De manera que es probable que haya estado en la cárcel por lo menos tres años, y tal vez algunos más.

    ¿Quién fue el más viejo de la Biblia?

    El Génesis cuenta que el abuelo de Noé fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento. De ahí el dicho «Ser más viejo que Matusalén» – 15/09/2014 Actualizado 11/11/2014 a las 09:07h. Cuenta el libro del Génesis que Matusalén vivió nada menos que 969 años antes de morir, superando en 604 días la edad de su padre Enoc, todo un récord con el que se ha ganado merecidamente su lugar en el dicho de «más viejo que Matusalén».

    El abuelo de Noé fue el octavo patriarca antediluviano, es decir anterior al Diluvio universal, según el pasaje 5:21-27 del Génesis : «Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

    Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

    1. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió»;
    2. Matusalén fue el más longevo de los patriarcas del Antiguo Testamento, aunque Noé llegó a vivir 950 años, según el mismo capítulo del Génesis y Adán hasta 930;

    Antes del Diluvio universal , las edades superaban los centenares de años, según el texto bíblico. Del fin de esta longevidad, algunos encuentran explicación en la cólera de Dios que se materializó en el Diluvio y que alcanzó la edad de los hombres: «Que sus días sean ciento veinte años».

    Hay quien ha atribuido el recuento bíblico de los años a una confusión entre los ciclos lunares con los solares, por lo que la edad real del patriarca bíblico sería de unos 72 años, admirable en todo caso en unos tiempos con una esperanza de vida mucho menor.

    Pero en el Génesis no parece haber confusión entre meses y años: «Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero.

    ¿Cómo se llama la segunda esposa de Moisés?

    Séfora en la televisión [ editar ] – En 2015 la telenovela brasileña ” Os dez mandamentos “, más conocido como ” Moisés y los diez mandamientos “, Séfora (llamada Zípora en la telenovela) es interpretada por Giselle Itié. Es personalizada como una mujer testaruda, aunque sincera y buena.